Una visita especial: Jubilados/as municipales conocieron por primera vez la torre del reloj

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Aunque la torre con su icónico reloj es una de las postales que representa a Bariloche en el mundo, muchos residentes y, en particular, personal municipal nunca han tenido la oportunidad de conocer por dentro esta maravilla, que lleva más de 80 años marcando el tiempo en la ciudad.

Con el objetivo de reconocer a los jubilados y jubiladas municipales en el marco de una fecha tan especial como el 8 de noviembre, Día del Personal Municipal, la Oficina de Informes de la Secretaría de Turismo y el Departamento de Comunicación Interna (Dirección de RRHH) organizaron una visita exclusiva.

Jorge Atencio (ex maquinista) y su señora, junto a María Angélica Vera (ex Viviendas Tuteladas) y su hijo, fueron parte de esta experiencia, que tuvo un gran significado emocional para quienes subieron por primera vez a este emblemático lugar.

El encuentro se pautó para el martes 11 de noviembre, comenzando a las 13:30 en la escalinata de ingreso de la actual Intendencia. Allí, Soledad Carnevale, de la Oficina de Informes de Turismo,  estuvo a cargo de la visita guiada, especialmente preparada para la ocasión, pero que se realiza todos los jueves, abierta y gratuita para el público en general.

Aunque la charla estuvo impregnada de datos históricos, la presencia de personas que vivieron ese “otro Bariloche” del pasado enriqueció el recorrido con anécdotas, recuerdos y nuevos datos que serán un valioso insumo para las próximas visitas.

La sorpresa se reflejó en los rostros de quienes asistieron cuando, tras pasar el segundo piso del edificio, se encontraron con las míticas figuras de madera que a las 12 y a las 18 horas giran bajo las campanadas del reloj. El aborigen, el jesuita, el soldado y el labrador, esculturas talladas en madera por Jorge Casal, fueron las primeras atracciones que descubrió el grupo, confirmando que era la primera vez, después de muchos años de servicio (más de 45 en algún caso), que accedían a este lugar.

El premio mayor fue llegar al piso superior, donde se aloja una maravilla de la relojería, uno de los pocos ejemplares de su tipo que se mantienen en funcionamiento en el país. Cada movimiento y cada detalle fueron seguidos por miradas curiosas y sorprendidas, mientras Soledad daba contexto a la charla y propiciaba momentos de amenos recuerdos y anécdotas.

Fue una visita cargada de emoción y redescubrimiento, un justo homenaje a quienes dedicaron gran parte de sus vidas al servicio de la ciudad.